viernes, 25 de febrero de 2011

Atlas


Está desesperado. Lleva menos de un día fuera del refugio de Greg y ya está muerto de hambre y frío, sucio y aterido.
Qué miedo le da esta gente. De hecho, va prácticamente escondiéndose de farola en farola, de farola en contenedor, de contenedor en banco. Le resultaban extraños, impredecibles, sobre todo después de lo que Greg le ha contado.
Por la noche, empieza a llover a cántaros, y no sabe adónde ir. Está acurrucándose bajo un banco - mal escondite; muchas goteras - cuando ve unos ojos enormes mirarle con curiosidad.
- Hola.
- Ho-hola.
Los ojos le sonríen.
- Me llamo Scout. ¿Y tú?
"Yo tengo miedo", quiere decir.
- Yo Nate - dice.
- Encantada de conocerte, Nate.
Nate asiente, poniéndose colorado. No sabe responder a eso; nadie le ha enseñado.
Se asoma un poco más. Es una chica bonita, y va bien abrigada, protegida de la lluvia por un paraguas.
- ¿Por qué estás aquí, Nate?
Nate se encoge de hombros; la verdad es que le da mucha vergüenza. Especialmente, le da vergüenza decírselo a esa chica tan linda.
- ¡Scout, vamos! ¡No te entretengas!
Ella gira la cabeza.
- ¡Sí, mamá! - Mira a Nate - Hasta otra, Nate.
- Adiós - dice él.
En cuanto ella se va, deja de llover y sale el sol. Nate sale de su cobijo y camina adonde sus pies le llevan, sonriendo, pensando en esa chica que le ha dado un rayito de esperanza. Greg dice que todo el mundo es malo, pero ella ha sido amable, agradable.
En el cobijo, se tumba junto a su maestra, pensando que el mundo ha ganado una batalla al cobijar a aquella buena persona. Una batalla contra Greg y su pesimismo. Tiene que decírselo.
- Greg. He conocido a alguien. A alguien bueno.
Ella abre un ojo.
- Qué suerte. A pocos así conocerás.
Nate sonríe. Aunque Greg sea orgullosa y no lo diga, él ha ganado. Por una vez.
Cree que ella se ha quedado dormida, porque no habla, pero al poco rato, oye su voz.
- Nate.
- ¿Sí?
- Te dije que no lo manchases todo de barro al volver, mamarracho.
Nate mira sus pies y ve que ha manchado su manta. Se da cuenta entonces que Greg sabía que volvería. No ha ganado. Ha perdido. Otra vez.

lunes, 21 de febrero de 2011

Panic!






Demasiados mitos se le han caído ya; ha dejado de tener fe en la humanidad, en la ley, en... todo en lo que alguna vez creyó.
Quiere escapar para dejar de sufrir, y porque Greg empieza a darle miedo. Quiere escapar, pero no hay una casa a la que volver, y, por otra parte, los "modernos" y demás subespecies siguen allí, pasando por delante de su refugio, a veces mirándoles con desprecio, otras ignorando su presencia.
Por otra parte, a Greg parece importarle un pito que él esté allí o no. Ella encontrará a otro al que enseñar; hay muchos solitarios como él allá fuera.
Así que se levanta, y se dispone a marcharse. No tiene nada, así que no deja rastro de estar allí o haberse marchado.
- Te vas.
Se da la vuelta. Greg está tumbada de espaldas a él, entre unas mantas sucias pero calientes.
- Yo...
- Te vas.
Nate se encoge de hombros. Greg gira la cabeza un momento, luego vuelve a su posición.
- Cuando vuelvas procura no dejarlo todo lleno de barro, ¿quieres?
¿Cuando vuelva? No piensa volver...
- No pienso volver...
- Ya. Eso dicen los "valentones" como tú. Veremos qué te parece mi compañía cuando lleves un par de días sin comer, rodeado de monstruos.
Nate está enfadado. Enfadado por que ella le considere un inútil. Enfadado por serlo.
- Sabré apañármelas sin ti; todo lo que has hecho es destrozarme.
Greg se encoge de hombros. Nate se dispone a marcharse, pero antes de hacerlo oye su voz diciendo:
- Recuerda, pequeño saltamontes; esto es la jungla.
Se estremece de miedo, internándose en la noche.

jueves, 17 de febrero de 2011

Being a monster



Nate no camina por la ciudad como antes hacía por su pueblo; ahora se fija, no sólo corretea sin preocupación. Se fija en la basura, inerte y humana. Este sitio le da miedo, y más aún después de lo que le ha contado Greg sobre el mundo. Sabe que ella es buena y sólo se lo ha contado por su bien, pero aún así, desearía no haberlo sabido nunca.
Se esconde detrás de ella cuando un tipo que da mucho miedo se le acerca.
- Maestra - la llama, con voz temblorosa.
- ¿Sí, pequeño saltamontes?
- Tengo miedo.
Ella mira al tipo amedrentador y tuerce el gesto.
- No debes temer a esta gente, Nate. Están a un nivel inferior de aquel al que tú y yo pertenecemos, así que en ellos no cabe la maldad. Debes temer a quienes, estando en teoría al mismo nivel, se rebajan a niveles ínfimos.
Nate cada vez entiende menos.
- ¿Como, por ejemplo...?
Greg mira alrededor.
- Aquellos. Míralos.
El pequeño Nate mira. Mira y se llena de miedo. Mira y se esconde aún más tras su maestra.
Un grupo de... gente extraña, que miran a los demás con desprecio, que llevan ropas imposibles, que lucen lo que parecen intrincadas enredaderas pinchudas hechas de pelo en las cabezas, que mascan chicle ruidosamente, moviendo las mandíbulas como las vacas de la villa.
- ¿Qué son? - pregunta, asustado.
Greg arruga la nariz.
- Son "modernos", pequeño Nate, y son los seres más idiotas sobre la faz de la Tierra.

viernes, 11 de febrero de 2011

I go walking trough the jungle...



- Eres demasiado ingenuo. Ése es tu problema; aún confías, aún sientes. ¿Crees que eres inmortal? Ya. ¿Crees que tienes amigos? Algún día un puñal en la espalda desmoronará ambas creencias. Te voy a dar un consejo, Nate, pequeño saltamontes.
- Dígame, maestra.
Greg toma un trago de su whisky. Respira hondo. Mira a Nate y suspira; qué pequeño es, qué... feliz.
Ya va siendo hora de que aterrice en el mundo.
Carraspea.
- Éstas son las tres reglas que te ayudarán a sobrevivir en el mundo. Primera: nunca encierres a un claustrofóbico, ni empujes al agua a un hidrofóbico, y demás. Podrían cogerte un odio enorme que les convertiría en... monstruos. Segunda: cuando consigas dinero, asegúrate antes de nada un lugar donde pasar la noche. Y la tercera, la más importante, la que te salvará del mismísimo infierno... nunca, jamás te fíes de nadie.
Nate baja la cabeza. No le gustan las normas, le hacen pensar que el mundo podría ser algo malo, y no el bonito lugar de sus sueños. Greg comprende, pero sabe que es mejor así.
- Y recuerda, pequeño Nate - él le mira de nuevo, los ojos llorosos -: el mundo es una selva, una selva oscura y cruel, y por mucho que se construyan ciudades, la vida seguirá siendo una lucha despiadada por sobrevivir.
Nate asiente, aceptándolo con gran pesar.