martes, 13 de diciembre de 2011

While my guitar gently weeps.



Cuando era pequeña, tenía una orquesta en la cabeza. Había guitarras, pianos y baterías en abundancia, violines, e incluso varios vocalistas. Tocaban las veinticuatro horas del día sin descanso, y eran buenos, muy buenos. Llenaban esos vacíos en que no quería pensar o no sabía qué decir. Llenaban esas clases en las que no atendía. Llenaban las tardes de lluvia encerrada en casa, y ponían banda sonora a cada momento.
Tocaban de todo: música que conocía, como Queen, Dire Straits, The Beales, y otros - tuve una infancia de buena música, gracias, papá -, pero también cosas abstractas, inventadas, sin nombre.
Cuando aprendí a usar el ordenador comencé a recopilar las letras de esas canciones, pero, como no sabía tocar ningún instrumento, aquello jamás podría salir de la memoria de mi ordenador, de mi cabeza. Aun así, cada canción estaba perfectamente planificada, de principio a fin, con solos y todo - estaban escritas en un inglés pobre; era pequeña e inexperta -.
Hace un par de años o tres, aprendí a tocar la guitarra, y algunas de esas canciones pudieron ser interpretadas ante un público imaginario, pero muy pocas. Me olvidé de todas ellas y comencé de cero, con mi inglés bastante mejorado.
Pero sigue habiendo canciones que la banda de mi mente toca sin saber qué está tocando. Por ejmeplo, hace un par de meses me compré un teclado. Lo primero que hice con él fue sacar una pequeña melodía que compuse en mi mente hace tantos años que ni me acuerdo. Se la enseñé a mi madre y le dije "mira, mamá, esta canción la compuse hace años", a lo que respondió: "Pero si acabas de empezar a aprender a tocar el piano...". Yo respondí "pero es que no la compuse en un piano; la compuse en mi cabeza".

Curioso.

Sed felices.