viernes, 12 de febrero de 2010

Gives you hell.


Clase de Biología. Obviaré que estuve varias veces a punto de desmayarme a causa de la conversación sanguínea, porque no viene al caso.
La profesora, no pregunten por qué, se desvió del tema a tratar, tanto que pasó de hablar de los nervios y demás porquerías a un parto.
Y fíjense que, por una vez en toda la semana - o puede que hasta en todo el mes -. desató en mí una reflexión profunda, con estas palabras:
- Nacer es un verdadero trauma.
No se alarmen; la explicación que daba era que pasábamos de estar calentitos, a oscuras, con alguien que respirase por nosotros, a salir a un mundo frío, ruidoso, y con una lámpara de muchos vatios apuntando a nuestros desdichados ojillos.
Y yo he reflexionado acerca de esto (oh, no, ¿por qué lo has hecho, alma cándida?) (pues porque me aburría, y porque me salió de *****. ¿Feliz?).
(Discúlpenme, estoy algo cabreada con algunos homo sapiens entrometidos que se quedaron en homo erectus)
Ejem, volviendo al tema, yo creo que no recordamos nuestro nacimiento porque es demasiado traumático, y nuestro majísimo cerebro lo elimina de la memoria.
Y es que el paso brusco de una realidad ideal, donde estar a gustico, a un mundo asqueroso como es el nuestro, es altamente traumático. Pero esto no ocurre sólo en el nacimiento; hay más ocasiones de la vida en las que vives en los mundos de Yupi, sin molestar a nadie, y luego llega algún gilipollas malnacido con ganas de dar por saco que te devuelve a la realidad con un "eso es imposible", o bien un "nunca lo lograrás". Y esto también es traumático, y es el principal motivo por el que estoy aquí hoy, soltando incoherencias que demuestran mi demencia.

Conclusión: eviten a los gilipollas malnacidos. Lo mejor es decirles, bien alto, "que sus dean". Les dejarán estupefactos.
En cuanto a la foto, bueno... ¿hay algo más gracioso que un tipo vestido de plátano?

sábado, 6 de febrero de 2010

Lua.






La gente cambia. Demasiado, y demasiado rápido, y, cuando te das cuenta, ya no eres capaz de reconocer a alguien con quien te has criado.
Lo peor de todo es ver, conversando de manera normal con ese alguien, que en sus ojos ya no hay comprensión, no hay ese brillo de confianza que había antaño. Y duele, duele ver cómo te mira como si estuvieses loco, como si fueses un extraño.
Descubres que las cosas de las que antes se reía, ahora le asustan, y te mira como si fueses un loco infantil cuando las dices. Y ese hermano, ese amigo, se convierte en un extraño.
Encuentras que a esa persona que lo daba todo por ti ahora le das miedo, le resultas extraño, o patético, incluso. Y eso es mucho peor que haber perdido a esa persona para siempre, porque te sientes terriblemente solo y vacío, como si fueses un muñeco obsoleto con el que un niño no quiere jugar.
Otra decepción. Bueno, no es la primera y, estoy segura, no será la última.