Y, sí, hay muchas veces que no tiene ningún sentido. Por eso estoy yo aquí. Soy como el Ratoncito Pérez versión hippie, pero sin llevarme los dientes de nadie; soy un maldito pedazo de pan y no cobro nada por escuchar. Y podrías estar hablándome horas y horas de tu vida y obra, de tus tristezas y alegrías, de lo que te gusta y que no, y yo te escucharía de principio a fin. Porque, mientras hables y hables, estaré haciendo un retrato mental de ti, incluyendo cada pequeño detalle que dejes entrever desde el primer esbozo.Y, al final, mis retratos sólo pueden dividirse en dos clases de personas: las feas y las bonitas. Las primeras pueden ser unas bellezas, pero el mundo o su propia mente les ha hecho feas; las segundas, a pesar de los trillones de defectos, han sabido ir por el buen camino. E importa un carajo si el físico no acompaña.
A mí, me gusta dibujar a los puntos intermedios; gente a la que el mundo ha tratado de destruir, pero se han rebelado contra ello. Gente imperfecta. Gente especial.
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