El día de mi funeral, quiero... quiero buena música. Quiero que la gente haga chistes, aunque sea humor negro, aunque dejen en ridículo a esa persona que ya no estará allí para perseguirles con una zapatilla por ofenderle. Quiero... que haya mucho whiskey y que todo el mundo mayor de once años pueda probarlo; quiero pizza de chocolate y de patatas fritas - oh, SÍ; EXISTE -, y por SUPUESTO, pan con queso, mucho pan con queso. Quiero una fiestecilla en cualquier sitio donde se pueda enchufar un amplificador, y que las personas que probablemente ahora me odien pero que formaron hace no mucho parte de mi banda de rock, se pongan a hacer un poco de ruido, celebrando que jamás tendrán que volver a soportarme.
Quiero un monólogo de mi padre - un cómico cojonudo - y que nadie llore - tampoco tenía esperanzas de que nadie lo hiciese, pero todos conocemos a mamá, así que, Anita, hermana, abrázale y dile que se deje de conachadas, que estaré bien -. Quiero que mi familia de locos cante una canción a lo "All together now", aunque se inventen el 50 % de la letra. Quiero más, más pan con queso, y que me enterréis con Rita, un móvil y... bueno, ¡sorprendedme!
No me importa dónde acabe mi cuerpo; como decía mi bisabuela, "por mí como si me dejáis en el pasillo; no me voy a enterar". Lo que sí quiero es que os riáis todos mucho y que alguien haga un brindis con alguna bebida poco glamourosa. Y quiero que citéis a Ford Fairlane y a Les Luthiers.
Por último, sería la leche que consiguiéseis a "100 MONKEYS" para tocar unas cuantas cancioncillas. Son la leche.
El día en que eso suceda, que espero que sea dentro de muchos años - toco madera -, quiero que todo el mundo sea feliz. Y, lo advierto, ¡pienso aparecerme para comprobar que todo lo hayáis hecho bien!
Hasta entonces, o incluso antes (esperemos).
Sed felices.
No hay comentarios:
Publicar un comentario