"I might look fucking crazy,
but damn it feels good to dance, it
makes me feel cold like the sun and other sorts
of marvelous impossibilities".
(Spencer Bell)
- Alto, alto, alto, espera; yo no desciendo del mono. - No puedes negar las evidencias científicas de la evolución... - Me da igual, no me fío de la ciencia. Pero, si quieres descender del mono, desciende; yo me niego.
Como se puede apreciar, perdiendo la cabeza por momentos...
Me he dado cuenta de que el Blog ha cumplido un año, y me he dicho que había que hacer al menos una entrada para celebrarlo.
Y aquí estoy. Un año después de empezar, y en la misma situación que en la primera entrada (vuelta de vacaciones, de un sitio precioso a un pueblucho gris), pero con más optimismo, por decirlo de alguna manera.
Como se puede apreciar, era un sitio realmente bonito.
Que me apetecía escribir una entrada antes de irme al sur, así que...
Bien. Y, ahora, ¿de qué narices hablo?
Ah, sí; mi aburrimiento. Porque es bastante obvio que me aburro un montón.
Por eso me voy. Por eso me largo todos los años, de hecho. Porque lo necesito. Necesito alejarme de todo. Y, ¿qué mejor manera que largarse... lejos?
(La foto es de un fotógrafo del que me estoy haciendo fan - véase la entrada anterior -, Phoenix Taylor, y de un actor/músico del que ya lo soy)
Y eso.
Y, señoras y señores, en un arranque de locura, ahí va un fragmento muuuy chiquitito de una historia en la que estoy trabajando. (¿)Disfrutadla(?)
Esta maldita vida aburrida. Más me vale que caiga una maldita bomba en el maldito manicomio, sólo para darle un poco de emoción al asunto.
Si alguien por ahí piensa que vivir en un loquero es divertido, no sabe cuán equivocado está. Los locos son entretenidos cuando los miras un rato, pero luego empiezas a deprimirte, porque su locura no acaba, no tienen ni una pausa. Y eso es muy triste.
Así que desvías la mirada, y mientras imploras al cielo por una botella de whiskey y una cajetilla de cigarrillos tratas de olvidar lo locos que están todos - incluyéndote - y buscas algo más que hacer. Pero, claro, ¿qué? Porque no penséis que tenemos club de golf aquí dentro.
Esperas. Esperas, esperas, y esperas en silencio a que algo llegue, llame tu atención y te distraiga, por favor. Pero nada pasa. Oh, Dios, voy a morir aquí, y será de aburrimiento. ¿Cúanto tardaré? Mucho no, gracias. Y que sea leve.
Y entonces te das la vuelta y miras con cara de mala leche a todos los desdichados locos que te rodean, y deseas descargar tu furia contra algo, y lo que más cerca tienes es un cojín así que te dedicas a golpearlo hasta que te suplica que pares por toda la corte celestial, y ahí es cuando empiezas a darte cuenta que no es un cojín sino la abusltada barriga de un demente.
Ayer me hice un año más vieja. Quiero decir, oficialmente. Y me dije que ya era hora de hacer algo con este Blog. ¿Borrarlo? Nah. ¿Entonces?
Ser o no ser. Ésa es la cuestión.
Pensé en muchas cosas a lo largo de este año, aunque no lo parezca, pero las que interesan son las relacionadas con esta mierdecilla de Blog. Pensé en colgar aquí alguna que otra historia... Ya me entendéis. Pero dudé demasiado y nada.
Lo peor es que así acaban la mayoría de mis iniciativas; y nada. Y veo que la gente va cumpliendo sueños que ¡¡eran míos antes!! ¡¡Estoy segura de ello, porque llevo soñando con las mismas estupideces descabelladas desde que tenía cuatro años, como poco!!
Y después de la pataleta me sereno y vuelvo a lo mío.
Como se puede notar a leguas, esta entrada no tiene más motivo que el aburrimiento y las ganas de hacer ALGO, POR FAVOR.
En fin, eso.
Y pongo esa foto tan rara PORQUE ME DA LA GANA, ¡¿ VALE ?!
Y me dije a mí misma: "¿por qué tienes que tener un motivo para hacer una entrada? Al fin y al cabo, no dices más que tonterías; una más, una menos, ¿qué más da?"
En fin, el verano es corto y la inspiración muy fugaz; tanto que, fíjense, iba a escribir una entrada muy poética sobre la brevedad de la vida y un montón de tonterías – mucho melodramatismo; nada importante –, y, de repente, ¡puf! Me he quedado en blanco. Y me he dicho a mí misma – sí, me digo muchas cosas a mí misma. Discutimos muchísimo –: "Hay que rellenar, que tienes muy abandonadito el Blog".
Y aquí estoy.
Otro día les narraré una de esas discusiones conmigo misma. Una de miedo.
Disfrúten del grupo. Y sean felices. Sí, es una orden.
Él era especial. No era demasiado guapo; tenía una nariz tremendamente... exagerada, para empezar, y un poco de cara de guarro, si me lo permiten, aparte de que su sonrisa era muy extraña, casi inquietante. Pero tenía algo.
Todo hay que decirlo; era lo que se dice un cabrón; era prepotente, cruelmente sincero, tajante, algo cerdo... Aunque muy sutil, todo hay que decirlo, ya que no decía ni una sola palabrota y siempre empleaba ese tono de voz frío e indiferente.
Y esa manera de vestir, ¡cielos! No sabría si calificarle de hortera o de genio. Era desconcertante.
En definitiva, era uno de esos diablillos que aparecen en los hombros izquierdos de personajes de películas de dibujos animados para influenciarles – mal –, y, en definitiva, arrastrarles al fango.
Pero está claro que tenía algo.
¿Cómo pueden atraer tanto personas como el personaje Chuck Bass? Si no es más que un cerdo hortera prepotente de nariz exagerada – aunque esto último sea cosa del actor que lo interpreta –. Bueno, está claro que es su punto malo lo que atrae y repele a la vez.
Y, ¿por qué? O bien porque nos hace pensar que en su lado del río nos divertiríamos más o, simplemente, porque somos morbosos y masoquistas.
Una mujer está en un avión, volando para conocer a su prometido, sobre el océano más grande del planeta, y está sentada junto a aquél hombre, e intenta entablar conversación y la única cosa que oye es a él pedir Bloody Mary. Y ella está sentada ahí, leyendo un articulo realmente arduo en una revista sobre un país tercermundista del que no puede ni pronunciar el nombre, y se siente muy aburrida, muy desanimada, y entonces... De pronto, hay un enorme fallo mecánico de los motores, y empiezan a caer desde trenta mil pies, y el piloto está en el micrófono, diciendo "Lo siento, lo siento, oh, Dios mío...", disculpándose en el micrófono. Y ella mira al hombre y dice:
- ¿Adónde vamos?
Y él dice:
- Vamos a una fiesta. Es una fiesta de cumpleaños. Es tu fiesta de cumpleaños, ¡feliz cumpleaños, cariño! Te queremos mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho.