Los dieciéis años son una buena edad para dejar de creer en tonterías.
El cerebro, se supone, está bulliendo de hormonas, paranoias y opiniones influenciadas por terceras personas, y hay una demencia adolescente tiñéndolo todo de colorines. No obstante, se supone que a esa edad ya hay una determinada visión del mundo mínimamente realista; se ha superado la infancia - a la cual se añora con toda el alma, a la par que se ve lejana cual estrella -, se ha pasado por ciertos baches y desilusiones, que han dado el punto de pesimismo, a veces excesivo, a la maravillosa tierra de colores e ilusión que se ve como el mundo en la infancia.
Los dieciséis años son, pues, una buena edad para dejar de creer en tonterías, tales como dragones, magia, fantasía e ilusión, felicidad. Se supone que ya somos mayorcitos.
Se supone...
Mejor esperamos hasta los diecisiete, ¿sí? Me parece una edad mejor... más... impar... más adecuada... a los dieciséis aún se es joven...
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