
How did I get here...?
How did I get to love this...?
Me, that I was a weirdo...
Me, that I used to cry for hours
How did I get here,
and why isn't it enough?
............................................
1.
– Lo ha vuelto a hacer.
Greg asintió y esbozó una mueca de suficiencia.
– Te lo dije, ¿no es cierto?
Él torció la boca; detestaba que siempre tuviese la razón y que siempre se lo restregase. Habría dado cualquier cosa por haber podido tener la oportunidad de vivir aquello, aunque sólo fuese una vez.
Pero la suerte sólo sonreía a su camarada, nunca a él.
– Don, ¿te lo dije o no? – instó Greg.
– Sí, sí, me lo dijiste, y tenías razón – respondió él, a regañadientes –. Sabes que odio que hagas eso.
– Y sabes que por eso precisamente lo hago – sonrió Greg.
Donnie resopló. Debería empezar a buscarse amigos nuevos, amigos con menos fortuna que él, menos inteligentes, menos agraciados. Amigos que no le restregasen por la cara lo idiota que era.
– Bueno, pues no necesito que nadie más me trate como si fuese basura, ¿de acuerdo? Con una persona así en mi vida es más que suficiente.
Se levantó, dispuesto a irse en la busca de un amigo más desgraciado que él, pero Greg le retuvo.
– Eh, tío, espera – dijo –. Cuéntame, ¿qué ha pasado esta vez?
Él le miró, como considerando si merecía o no saberlo. Finalmente, suspiró y se dejó caer en el taburete de nuevo. Ladeó la cabeza y miró el letrero con luces que brillaba en la pared, que decía “Nowhere man” en honor a los Beatles. Una de las luces titilaba, como a punto de apagarse. Donnie llevaba mucho tiempo yendo a aquel lugar, y aquella luz nunca se había apagado o sido reemplazada.
Ladeó la cabeza, buscando las palabras que decir.
– Estábamos cenando. Bueno, ella por su lado, y yo por el mío, como siempre.
– Sí, siempre ha sido muy independiente. Cosa mala – gruñó Greg.
– Pues eso; ella estaba en el salón cuando le llamaron al móvil.
Se quedó en silencio unos instantes, sólo para crear expectación.
– Lo cogió y se puso a hablar de ese modo... Ya sabes, como cuando hablaba conmigo antes de casarnos.
– ¿Quieres decir... sonriendo, mirando al infinito y jugueteando con un mechón de su pelo?
– Exacto – suspiró él.
Greg soltó un suspiro exasperado.
– Esa maldita zorra – gruñó.
– N-no nos precipitemos – se apresuró a decir él –, quizás la haya malinterpretado, quizás me esté volviendo excesivamente paranoico...
Greg le miró de nuevo con ese aire de suficiencia y compasión.
– ¿Y con quién hablaba, si no?
– Puede que... con su madre – murmuró él, aunque sabía que era la excusa más pobre que podría haberse inventado. Por algo era una improvisación. “Nunca improvises”, solía decirle su padre, “prepara las excusas con antelación, o tu mujer se te comerá vivo. Créeme; es la única manera de sobrevivir al matrimonio”.
Pero Greg no era su mujer, y ninguna excusa, por bien formada que estuviese, era válida con él, y menos aún aquella bazofia.
– Su madre – se jactó –, claro, cómo no. Vaya, visto eso, quizás deberíais poner una foto de tu suegra en el dormitorio, visto lo visto...
– No sigas – cortó él, previendo un final obsceno o insultante de la intervención de su camarada.
– Está bien; si tú averiguas a quién llama con tanto... interés.
– No le llamó ella... – empezó él, pero, al ver la expresión en la cara de Greg, guardó silencio.
Se disponía a marcharse cuando Greg le llamó, esbozando una torva sonrisa.
– Don.
– ¿Sí?
– Nunca se es demasiado paranoico.
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