martes, 24 de enero de 2012

What the fuck...?


How did I get here...?
How did I get to love this...?
Me, that I was a weirdo...
Me, that I used to cry for hours

How did I get here,
and why isn't it enough?

............................................
1.

– Lo ha vuelto a hacer.

Greg asintió y esbozó una mueca de suficiencia.

– Te lo dije, ¿no es cierto?

Él torció la boca; detestaba que siempre tuviese la razón y que siempre se lo restregase. Habría dado cualquier cosa por haber podido tener la oportunidad de vivir aquello, aunque sólo fuese una vez.

Pero la suerte sólo sonreía a su camarada, nunca a él.

– Don, ¿te lo dije o no? – instó Greg.

– Sí, sí, me lo dijiste, y tenías razón – respondió él, a regañadientes –. Sabes que odio que hagas eso.

– Y sabes que por eso precisamente lo hago – sonrió Greg.

Donnie resopló. Debería empezar a buscarse amigos nuevos, amigos con menos fortuna que él, menos inteligentes, menos agraciados. Amigos que no le restregasen por la cara lo idiota que era.

– Bueno, pues no necesito que nadie más me trate como si fuese basura, ¿de acuerdo? Con una persona así en mi vida es más que suficiente.

Se levantó, dispuesto a irse en la busca de un amigo más desgraciado que él, pero Greg le retuvo.

– Eh, tío, espera – dijo –. Cuéntame, ¿qué ha pasado esta vez?

Él le miró, como considerando si merecía o no saberlo. Finalmente, suspiró y se dejó caer en el taburete de nuevo. Ladeó la cabeza y miró el letrero con luces que brillaba en la pared, que decía “Nowhere man” en honor a los Beatles. Una de las luces titilaba, como a punto de apagarse. Donnie llevaba mucho tiempo yendo a aquel lugar, y aquella luz nunca se había apagado o sido reemplazada.

Ladeó la cabeza, buscando las palabras que decir.

– Estábamos cenando. Bueno, ella por su lado, y yo por el mío, como siempre.

– Sí, siempre ha sido muy independiente. Cosa mala – gruñó Greg.

– Pues eso; ella estaba en el salón cuando le llamaron al móvil.

Se quedó en silencio unos instantes, sólo para crear expectación.

– Lo cogió y se puso a hablar de ese modo... Ya sabes, como cuando hablaba conmigo antes de casarnos.

– ¿Quieres decir... sonriendo, mirando al infinito y jugueteando con un mechón de su pelo?

– Exacto – suspiró él.

Greg soltó un suspiro exasperado.

– Esa maldita zorra – gruñó.

– N-no nos precipitemos – se apresuró a decir él –, quizás la haya malinterpretado, quizás me esté volviendo excesivamente paranoico...

Greg le miró de nuevo con ese aire de suficiencia y compasión.

– ¿Y con quién hablaba, si no?

– Puede que... con su madre – murmuró él, aunque sabía que era la excusa más pobre que podría haberse inventado. Por algo era una improvisación. “Nunca improvises”, solía decirle su padre, “prepara las excusas con antelación, o tu mujer se te comerá vivo. Créeme; es la única manera de sobrevivir al matrimonio”.

Pero Greg no era su mujer, y ninguna excusa, por bien formada que estuviese, era válida con él, y menos aún aquella bazofia.

– Su madre – se jactó –, claro, cómo no. Vaya, visto eso, quizás deberíais poner una foto de tu suegra en el dormitorio, visto lo visto...

– No sigas – cortó él, previendo un final obsceno o insultante de la intervención de su camarada.

– Está bien; si tú averiguas a quién llama con tanto... interés.

– No le llamó ella... – empezó él, pero, al ver la expresión en la cara de Greg, guardó silencio.

Se disponía a marcharse cuando Greg le llamó, esbozando una torva sonrisa.

– Don.

– ¿Sí?

– Nunca se es demasiado paranoico.

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