viernes, 17 de febrero de 2012

Long haired child.




Maldita sea la existencia de nosotros, los locos. No tenemos lugar en entre los humanos normales, de cerebros mansos y lógicos; tampoco entre los verdaderamente enfermos, cuyas mentes son un misterio. Muchos mansos quieren ser como nosotros, y así lo fingen, quejándose de la sociedad, hablando como si de verdad tuviesen el cerebro tan desordenado, cuando en realidad no hacen más que imitar, e imitando pierden el camino de nuestra locura, la locura sabia.
Maldita sea nuestra existencia, porque jamás llegaremos a sentirnos completos, porque nunca podremos mirar al mundo como quien contempla su hogar. Porque no nos conformaremos con la simple felicidad y nos amargaremos comiéndonos la cabeza. Porque, si no es así, perderemos nuestra preciada locura.
Malditos seamos. Porque no pertenecemos a nada ni a nadie, pero, ¿a qué precio?

"La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca."
(Heinrich Heine)

viernes, 10 de febrero de 2012

Woodheart.



Siempre me imaginé a Rita como una mujer a lo Lauren Bacall; rubia, con cejas enarcadas, malévola y con carácter, un encanto. Con una voz que destroza mi alma cada vez que la escucho. Si paso mucho tiempo sin cuidarla, se enfada y se desafina. Pero ella sabe perdonar.

He aquí a una hermana de ojos azules y cabello negro. Acabo de conocerla, pero ya me ha conquistado. Puede que Rita tenga un lugar especial en mi alma como la guitarra con la que aprendí a tocar, pero esta, esta es mi primera guitarra. Es mi vida.
Y aún no tiene nombre...

miércoles, 1 de febrero de 2012

ME-NO-ME-NA is the word.

El mundo en que vivimos. Creo que no aporto nada nuevo si afirmo que es una puta mierda. Tampoco si digo que sus cositas buenas tiene. Tales como Menomena.
Pero creo que hago muuuucho mejor a este perro mundo si lo ignoro por unos instantes y me sumerjo en mi propio universo. Juuujujuju.
Allá vamos.




TAOS

Introducción:
Nota del autor

Yo tengo, yo tengo, yo tengo un mundo interior muy grande. Algunos científicos lo llaman "mi mente", pero suena soso. A mí me gusta llamarlo Never Wanderland, pero me gusta aún más no llamarlo. Pero Never Wanderland al menos suena bonito.
Never Wanderland es... difícil de describir. Tal vez debería hacer un mapa, como el que aparece en la primera página de El Señor de los Anillos (¿la he cagao, o había de verdad un mapa...? Me suena que sí). Tal vez debería hacer una descripción como la que se hace de los lugares: dividirlo en zonas, explicar las características de cada una de ellas. Tal vez debería hablar en plan serio como un científico serio, pero soy más tirando a científico loco, así que voy a hacerlo a mi manera; como si fuese un lugar, pero teniendo presente que esto es una metáfora; dentro de mi cráneo no hay un país, sino un montón de cosas viscosas y asquerosas.
Y es que es muy difícil hablar de Never Wanderland como un lugar, porque, no lo olvidemos, estamos hablando de una "mente". Además, hay que tener en cuenta que quien escribe lo ha conocido toda su vida, sin preguntarse jamás qué o cómo era. Esto dificulta el trabajo, es como tratar de describir... a un amigo al que conoces desde que eras un enano. Oyes la descripción que hacen otros de él y no lo reconoces en sus palabras, pero entonces reflexionas y piensas: "cielos... eso es cierto".
En fin, sin más preámbulos, describamos un poco, superficialmente, este lugar popularmente conocido como (no, no muy popularmente) "Never Wanderland".


Comencemos por el comienzo. O mejor; por donde nos dé la real gana.

domingo, 29 de enero de 2012

Donnie and Greg (part II)




La miró fijamente mientras hablaba.
La llamada siempre llegaba a aquellas horas, y, después de recibirla, “daba la casualidad” de que tenía que volver al trabajo por la noche por un asunto urgente.
Hasta entonces se había quedado al margen, fingiendo ser crédulo y carente de sospechas malpensadas, pero ya estaba cansado de que se riese de él en su cara y jugase con lo que ellos tenían, algo cada vez más extraño, antinatural e incierto.
Se acercó a ella, que reía en el sofá con los ojos brillantes, y se sentó a su lado, dispuesto a hacerse notar. Ella ni siquiera le dedicó una mirada.
Iba a rendirse, cansado de fingir ser fuerte y valiente, pero entonces pensó en la cara que pondría Greg en su próximo encuentro. Le restregaría su cobardía por la cara, se reiría, incluso puede que le propinase una colleja.
Se armó de valor entonces y se acercó a ella, dispuesto a hacerse oír por fin, pero de pronto sintió como si perdiese el pie y cayese por un agujero muy estrecho y profundo. Desapareció ella, el sofá, el salón entero, y todas las luces y ruidos de la ciudad fuera, más allá del balcón.
No sintió nada durante el descenso; fue como si su mente se vaciase y sólo fuese capaz de disfrutar de la sensación de que la tierra le succionaba, de que el viento trataba de agarrarle, pero no tenía fuerzas suficientes y le dejaba caer a los siguientes brazos etéreos que lo intentasen y de nuevo fallasen.
Pero entonces golpeó el suelo, y su cuerpo hizo un ruido realmente extraño. No fue un “crack” ni un “pum”, fue más bien un abanico de sonidos de platillos, bombos y teclas de piano; una orquesta chocando contra el terreno.
Se levantó, se sacudió el polvo que se había quedado adherido a su ropa y miró alrededor. El agujero negro se alargaba en un estrecho túnel oscuro hacia ninguna parte. No tenía ningún otro lugar adonde ir, así que emprendió la marcha por el siniestro corredor.
Caminó y caminó hasta que sintió que las piernas pedían un descanso, y entonces se dejó caer al suelo polvoriento; tampoco tenía nada mejor que hacer que descansar. Cerró los ojos y se concentró en el sonido de su corazón. Sonaba como un tambor enloquecido – boom, boom, boom, una, y otra, y otra vez –. Se preguntó si alguna vez se cansaría y se tomaría unas vacaciones para después volver y encontrárselo todo muerto.
Entre aquellos extraños pensamientos, una luz amarillenta atravesó sus párpados y los abrió, entrecerrándolos después por la excesiva luminosidad que había tomado aquel mundo. Se sentó sobre la arena que ahora cubría el suelo y contempló un amanecer estrafalario, con un sol negro que se escondía y una luna amarilla verdosa que se alzaba en el horizonte. Le pareció que el astro verdoso se jactaba del oscuro, sonriéndole con suficiencia. Tal y como Greg solía hacer.
Greg. ¿Dónde estaría él ahora? Tenía que enseñarle aquel lugar tan extraño. Seguro que le fascinaría y daría a pie a infinidad de cavilaciones estrafalarias de su excéntrica mente.
Algo empezó a tirarle de la camisa y se giró. Allí había una pequeña esfera morada que llevaba a cuestas infinidad de objetos pequeños y extraños: una taza de café en la que estaba escrito “HOY ES LUNES; DISFRÚTALO, NENA”, un zapato de tacón, una letra “a” minúscula bajo el cobijo de una “A” mayúscula, un frasco de perfume caro, un alfiler, una seta roja y blanca, una palabra subrayada, una flor mustia...
Alargó la mano hacia la flor, que parecía haber sido bonita antaño, pero algo le pellizcó y le hizo retirarla. Enfadado, tiró del alfiler para ver bien lo que cargaba con tantas cosas, y vio que se trataba de un ojo vivaracho y curioso, de color negro y mirada inquieta, y que el alfiler era sólo una de tantas pestañas rectas y pinchudas.
Una de las pestañas se clavó en su dedo y le hizo soltar al ojo, lanzándolo lejos de si. Él comenzó a correr gracias a unos pies enormes y feos, con las uñas pintadas, que le daban a su andar un aire de pingüino.
Iba a levantarse cuando una ola de ojillos maliciosos surgió de la nada y se lanzó sobre él, las pinchudas pestañas por delante. Se encogió sobre si mismo mientras recibía miles de pinchazos por todo el cuerpo, y tuvo miedo, miedo de aquellos ojos que le miraban con desprecio.
Pero, entonces, una ráfaga de viento se llevó a todos los ojos con todos sus alfileres, setas, tazas, palabras subrayadas y demás. Él se quedó allí tendido, respirando con dificultad y temblando, durante unos minutos, pero luego oyó un murmullo y alzó la cabeza.
Allí había un ser muy extraño, aunque nada se lo parecía allí. Tenía cuerpo de cebra y una cabeza grande y abultada, en ella una caricatura de rostro humano con ojos pequeños una redonda nariz.
– Gracias – susurró él. Su voz sonaba extraña allí, como si estuviese hablando a través de un micrófono de mala calidad que fuese perdiendo energía a medida que hablaba.
El ser abrió una boca exagerada y llena de hileras de dientes blancos y cuadrados hasta donde alcanzaba la vista, cogió aire y soltó una serie de pitidos insistentes y molestos.
Él se tapó los oídos, trató de huir del sonido, pero éste acabó venciéndole, y una fuerza sobrenatural tiró de él hacia el cielo, donde la luna verdosa aún reía, medio desdentada, y el sol negro se alzaba más y más con expresión resignada en su faz.

martes, 24 de enero de 2012

What the fuck...?


How did I get here...?
How did I get to love this...?
Me, that I was a weirdo...
Me, that I used to cry for hours

How did I get here,
and why isn't it enough?

............................................
1.

– Lo ha vuelto a hacer.

Greg asintió y esbozó una mueca de suficiencia.

– Te lo dije, ¿no es cierto?

Él torció la boca; detestaba que siempre tuviese la razón y que siempre se lo restregase. Habría dado cualquier cosa por haber podido tener la oportunidad de vivir aquello, aunque sólo fuese una vez.

Pero la suerte sólo sonreía a su camarada, nunca a él.

– Don, ¿te lo dije o no? – instó Greg.

– Sí, sí, me lo dijiste, y tenías razón – respondió él, a regañadientes –. Sabes que odio que hagas eso.

– Y sabes que por eso precisamente lo hago – sonrió Greg.

Donnie resopló. Debería empezar a buscarse amigos nuevos, amigos con menos fortuna que él, menos inteligentes, menos agraciados. Amigos que no le restregasen por la cara lo idiota que era.

– Bueno, pues no necesito que nadie más me trate como si fuese basura, ¿de acuerdo? Con una persona así en mi vida es más que suficiente.

Se levantó, dispuesto a irse en la busca de un amigo más desgraciado que él, pero Greg le retuvo.

– Eh, tío, espera – dijo –. Cuéntame, ¿qué ha pasado esta vez?

Él le miró, como considerando si merecía o no saberlo. Finalmente, suspiró y se dejó caer en el taburete de nuevo. Ladeó la cabeza y miró el letrero con luces que brillaba en la pared, que decía “Nowhere man” en honor a los Beatles. Una de las luces titilaba, como a punto de apagarse. Donnie llevaba mucho tiempo yendo a aquel lugar, y aquella luz nunca se había apagado o sido reemplazada.

Ladeó la cabeza, buscando las palabras que decir.

– Estábamos cenando. Bueno, ella por su lado, y yo por el mío, como siempre.

– Sí, siempre ha sido muy independiente. Cosa mala – gruñó Greg.

– Pues eso; ella estaba en el salón cuando le llamaron al móvil.

Se quedó en silencio unos instantes, sólo para crear expectación.

– Lo cogió y se puso a hablar de ese modo... Ya sabes, como cuando hablaba conmigo antes de casarnos.

– ¿Quieres decir... sonriendo, mirando al infinito y jugueteando con un mechón de su pelo?

– Exacto – suspiró él.

Greg soltó un suspiro exasperado.

– Esa maldita zorra – gruñó.

– N-no nos precipitemos – se apresuró a decir él –, quizás la haya malinterpretado, quizás me esté volviendo excesivamente paranoico...

Greg le miró de nuevo con ese aire de suficiencia y compasión.

– ¿Y con quién hablaba, si no?

– Puede que... con su madre – murmuró él, aunque sabía que era la excusa más pobre que podría haberse inventado. Por algo era una improvisación. “Nunca improvises”, solía decirle su padre, “prepara las excusas con antelación, o tu mujer se te comerá vivo. Créeme; es la única manera de sobrevivir al matrimonio”.

Pero Greg no era su mujer, y ninguna excusa, por bien formada que estuviese, era válida con él, y menos aún aquella bazofia.

– Su madre – se jactó –, claro, cómo no. Vaya, visto eso, quizás deberíais poner una foto de tu suegra en el dormitorio, visto lo visto...

– No sigas – cortó él, previendo un final obsceno o insultante de la intervención de su camarada.

– Está bien; si tú averiguas a quién llama con tanto... interés.

– No le llamó ella... – empezó él, pero, al ver la expresión en la cara de Greg, guardó silencio.

Se disponía a marcharse cuando Greg le llamó, esbozando una torva sonrisa.

– Don.

– ¿Sí?

– Nunca se es demasiado paranoico.

viernes, 20 de enero de 2012

Ain't no grand solution, just a cockroach revolution!



Yo nunca fui a la Universidad.No quería formar parte de esta farsa, de este montaje global. La vida es demasiado preciosa para perderla imitando las vidas de los demás. Si hubiese sido una persona normal, habría estudiado durante veintitantos años sin aprender nada, después habría buscado trabajo, me habría comprado una casa, un coche, me habría casado y tenido hijos, habría engañado a mi mujer y habría muerto como uno más.Pero no quise. La gente me decía que era arriesgado no seguir el camino señalado, que había que seguir las huellas de los que habían vivido antes que yo, que acabaría tirado en la calle pidiendo para poder drogarme y así evadirme de mi triste y desastrosa vida.
Pero eso no fue lo que pasó.
- Y ahora estás encerrado en un psiquiátrico.
- Ya, es un pequeño fracaso para mí; es lo menos original que he hecho en mi vida. Un triste final... ¿no crees?

lunes, 16 de enero de 2012

I don't know how you vere inverted.



Los dieciéis años son una buena edad para dejar de creer en tonterías.
El cerebro, se supone, está bulliendo de hormonas, paranoias y opiniones influenciadas por terceras personas, y hay una demencia adolescente tiñéndolo todo de colorines. No obstante, se supone que a esa edad ya hay una determinada visión del mundo mínimamente realista; se ha superado la infancia - a la cual se añora con toda el alma, a la par que se ve lejana cual estrella -, se ha pasado por ciertos baches y desilusiones, que han dado el punto de pesimismo, a veces excesivo, a la maravillosa tierra de colores e ilusión que se ve como el mundo en la infancia.
Los dieciséis años son, pues, una buena edad para dejar de creer en tonterías, tales como dragones, magia, fantasía e ilusión, felicidad. Se supone que ya somos mayorcitos.
Se supone...
Mejor esperamos hasta los diecisiete, ¿sí? Me parece una edad mejor... más... impar... más adecuada... a los dieciséis aún se es joven...

jueves, 12 de enero de 2012

I have a problem that I cannot explain.



Intento seguir el hilo de mis pensamientos deshilachados y me pierdo. ¿Dónde demonios estoy? Qué frío hace aquí...
Es un sitio oscuro, sólo hay un caminito de líneas de luces de colores - de tooodos los colores del mundo - que me guían en mi caminar. ¿Dónde estará la salida?
No sé cuánto tiempo llevo caminando, quizá días, horas, años. Cuando estoy tan cansada que quiero arrancarme los pies tropiezo con un candil junto al que hay una nota.

"Querida Kolpix:
Probablemente no te acuerdes de este lugar, porque hace años que lo abandonaste. Te gusta ser fatalista, pesimista, pensar que el mundo es una mierda. Tu error fue pararte a pensar un buen día; pensaste tanto que lo viste todo negro. Pero si estás aquí, significa que eso ha cambiado... que hay una luz al final del tunel... miles de luces de colores..."

sábado, 7 de enero de 2012

I felt like a kid

...and I liked it...




Se acabó, señores. Maldita sea, se acabó la Navidad. No sólo me dan ganas de llorar porque se acaben las vacaciones - de hecho, si lo pienso, en el fondo volver a clase no me parece tan horrible, salvo por una recuperación de la que no he hecho NADA y aquello de madrugar... ains... -, sino porque estas navidades, con las comidas en familia y tal... me he sentido como cuando tenía diez años. Y fui feliz. Me gustó ser una niña pequeña otra vez.
Pero se acabó, y ahora hay que fingir que soy una persona madura y seria, con la cabeza bien amueblada. Cuando, en realidad... mi cabeza está en las nubes, y tiene unos muebles muy raros y mal situados, con estampados extraños, que no pegan entre sí...

Bueno, ya he desvariado lo suficiente.

Sed felices en este "último año" - en serio, ¿os lo creéis? bueno, cada cual... -. Sea o no el fin del mundo... todos vamos a morir. Que no se os olvide. No lo digo para que os deprimáis, sino para que disfrutéis de la vida. Hala.

Las canciones... son de mi infancia. Aunque estén en inglés...


¡Feliz... vida!

martes, 13 de diciembre de 2011

While my guitar gently weeps.



Cuando era pequeña, tenía una orquesta en la cabeza. Había guitarras, pianos y baterías en abundancia, violines, e incluso varios vocalistas. Tocaban las veinticuatro horas del día sin descanso, y eran buenos, muy buenos. Llenaban esos vacíos en que no quería pensar o no sabía qué decir. Llenaban esas clases en las que no atendía. Llenaban las tardes de lluvia encerrada en casa, y ponían banda sonora a cada momento.
Tocaban de todo: música que conocía, como Queen, Dire Straits, The Beales, y otros - tuve una infancia de buena música, gracias, papá -, pero también cosas abstractas, inventadas, sin nombre.
Cuando aprendí a usar el ordenador comencé a recopilar las letras de esas canciones, pero, como no sabía tocar ningún instrumento, aquello jamás podría salir de la memoria de mi ordenador, de mi cabeza. Aun así, cada canción estaba perfectamente planificada, de principio a fin, con solos y todo - estaban escritas en un inglés pobre; era pequeña e inexperta -.
Hace un par de años o tres, aprendí a tocar la guitarra, y algunas de esas canciones pudieron ser interpretadas ante un público imaginario, pero muy pocas. Me olvidé de todas ellas y comencé de cero, con mi inglés bastante mejorado.
Pero sigue habiendo canciones que la banda de mi mente toca sin saber qué está tocando. Por ejmeplo, hace un par de meses me compré un teclado. Lo primero que hice con él fue sacar una pequeña melodía que compuse en mi mente hace tantos años que ni me acuerdo. Se la enseñé a mi madre y le dije "mira, mamá, esta canción la compuse hace años", a lo que respondió: "Pero si acabas de empezar a aprender a tocar el piano...". Yo respondí "pero es que no la compuse en un piano; la compuse en mi cabeza".

Curioso.

Sed felices.